martes, 3 de marzo de 2009

La formación de lectores y el llanto del cocodrilo


Por Graciela Montes
En: Espacios para la lectura. Órgano de la Red de Animación a la Lecturadel Fondo de Cultura Económica. México. Año II, núms. 3 y 4, 1996. Pág. 22

La angustia estalló en algún momento del siglo y borboteó largamente en estudios teóricos, métodos infalibles, recursos didácticos, grupos de estudio, planes de investigación, mesas redondas, artículos periodísticos y demás gestos en los que sobresalía el tono escandalizado, la alarma. No cabe duda: la pintoresca especie de los lectores se estaba extinguiendo inexorablemente. “Se lee poco”. “No se lee”. “La gente ya no lee como antes”. Y, por supuesto, el acostumbrado “los chicos no leen”.
Tan notable y generalizado es este gesto de la sociedad golpeándose el pecho, arrancándose los cabellos y gimiendo por el fin de los lectores que tal vez resulte útil ventilar un poco la cuestión, no vaya a ser cosa de que quedemos sumergidos, como la pobre Alicia, en un charco de lágrimas... de cocodrilo.
Lo mejor es desinflar el globo de las grandes generalizaciones y poner algunas cosas en su lugar:- Algunos no leen porque nadie les enseñó a leer. - Algunos no leen porque no tienen libros.- Algunos no leen porque —dicen—“no les gusta leer”.(Conviene recordar que los dos primeros grupos son desmesuradamente grandes en América Latina.) A todos esos no lectores algo les debe la sociedad. Reconozcamos que no estaban condenados desde sus cromosomas a ser no lectores, sino que, de un modo u otro, les fallaron los mediadores sociales, les falló la sociedad. A todos ellos les faltó algo que no les habría debido faltar. En algún momento les hicieron una zancadilla. De modo que es bueno que la sociedad se haga cargo y admita, mal que le pese, que no se trata de una fatalidad del destino sino de una consecuencia de actos históricos y concretos de los que no puede declararse inocente. La sociedad fabrica no lectores y, cuando ve su producto, no atina sino a agarrarse la cabeza escandalizada. Primero provoca el incendio y después sale corriendo a llamar a los bomberos. En esa conducta no hace más que proyectar sus contradicciones y sus hipocresías respecto a la lectura, a los libros, al pensamiento crítico, a la educación y, de un modo más general, a lo que llama “la cultura”.
Por un lado, en el escenario encendidas declaraciones en defensa de los libros y de la lectura, exageradas y hasta absurdas, fetichizantes. Detrás, en bambalinas, conductas bien concretas y muy poco explicitadas tendientes a fomentar la no lectura o, al menos, a condenar a la irremediable iliteralidad a gigantescas masas poblacionales del planeta. Casi en el mismo momento y en un segundo y teatral gesto, que también le es muy característico, esa misma sociedad escandalizada extiende la mano y, como al descuido, deposita el conflicto en los niños. Son los niños los que no leen. Los niños, una vez más y como siempre. Los niños, esos recipientes pequeños donde, sin embargo, puede volcarse todo, los eternos, sagrados e indispensables chivos expiatorios.Ahí es cuando me irrito y siento ganas de sacudir el tablero de la amable preocupación de nosotros, los grandes. ¿Qué tal si probamos alfabetizar (pero alfabetizar en serio), mezquindades a todos nuestros chicos, darles escuelas, maestros bien remunerados, libros? ¿Qué tal si les regalamos bibliotecas jugosas, muchas bibliotecas —de escuela, de aula, de sindicato, de club—, rebosantes de libros excitantes y codiciables? ¿Qué tal si les donamos un poco de nuestro tiempo, de nuestra voz, de nuestra compañía junto con los libros? ¿Qué tal si pensamos y estimulamos el pensar, el criticar, el discutir, el informar acerca de la propia vida? ¿Qué tal si volvemos a hablar con nuestros hijos de las cosas de todos los días, de las cosas de antes y de ahora, de nuestras fantasías?¿Qué tal si intentamos recuperar nosotros mismos la codicia del libro, el tiempo libre y privado, la reflexión, la mirada aguda, el placer por las palabras?
Si después los chicos siguen empecinados en alejarse irremediablemente de la lectura, podremos mover apesadumbrados la cabeza y sentarnos a discutir el mañana, hasta tanto no lo hagamos, nos limitaremos a gimotear y seguiremos chapoteando en nuestras lágrimas de cocodrilo.

jueves, 29 de enero de 2009



BRUNO Y SU PARAGUAS
MARTA BALDONI
ISBN: 9789500835220
Editorial: Atlantida
Clasificación: Infantil y Juvenil
Páginas: 24 Publicación: Febrero 2008
Idioma: Español
Formato: Tapa Dura
Una maravillosa historia para los mas chiquitos, donde aparecen personaje conocidos del barrio, vecinos , comerciantes, nos permiten ampliar vocabulario.
La trama llena de magia, atrapa a los pequeños, buscando soluciones al problema planteado...
¡Para disfrutar!

lunes, 12 de enero de 2009

DRACULA (COMO YO ME LO ACUERDO)



OCHE CALIFA
ISBN: 9789500836432
Editorial: Atlantida
Clasificación: Infantil y Juvenil
Páginas: 32
Publicación: Diciembre 2008 Idioma: Español
Formato: Rústica
¿Se puede contar una historia clásica de una manera novedosa, siendo fiel al argumento?
El autor nos demuestra que si.
Es la historia clásica de Drácula contada en verso, la rima es perfecta, sin recurrir a términos rebuscados.
Con buen vocabulario. Ideal para que los niños lean estas vacaciones.
Luego podremos recomendarlo en la biblioteca.
Es una historia que se lee pronto, esta dividida en capítulos lo que permite interrumpir la lectura sin interferir con el hilo de la historia.
Espero que lo lean y me cuenten que les pareció...

domingo, 4 de enero de 2009

Leer en el hogar


SUGERENCIAS a los padres, para conseguir que la lectura resulte un éxito en el hogar
1.- Lee tú mismo/a. Con el ejemplo es como mejor se educa. Los hechos son más importantes que las buenas palabras. Si tus hijos te ven leyendo el periódico o enfrascado/a en un libro, seguirán tu ejemplo porque eres un MODELO que ellos tratan de imitar.
2.- Asegúrate de que tus hijos leen todos los días La lectura, al igual que sucede con los deportes o la música, es una destreza que se perfecciona con la práctica. La investigación nos demuestra que la constancia asegura la adquisición del HÁBITO. Media hora, veinte minutos,… eso sí, diarios, es la mejor práctica, pues dota a los niños de sólidas estructuras básicas para ser buenos lectores.
3.- Acompáñalos cuando vayan a buscar un libro: a la biblioteca, a la librería,…
En la lectura nos encontramos un mundo que se vive mejor en COMPAÑÍA. Desde sus inicios, pues el modo de tomar contacto con el libro también se educa. Primero acompañándolos, para elegir con ellos, o yendo juntos a la biblioteca. Luego, mostrando interés por compartir sus inquietudes e intereses. Más tarde, surgirá el diálogo, el debate y con él, la pasión.
4.- Acostumbraros a hablar de libros Si la lectura es importante, tendrá que formar parte de nuestra vida en el hogar.
Conviene que en la familia "se respire" la lectura, lo que significa se comente con naturalidad, en nuestra vida de familia; será un DIÁLOGO común, de todos, habitual. Si la lectura es buena, lo es para todos, y si la practicamos, lo hacemos todos…, y si es así, en nuestra vida cotidiana, en nuestra convivencia, en nuestras conversaciones, tendrá que aparecer.
5 – Lee con tus hijos Esta es la cosa más importante que un padre o una madre pueden hacer por la buena salud lectora de sus hijos. Algunos consejos sobre cómo COMPARTIR:
  • Comienza a leer a tus hijos desde que son muy pequeños. Nunca es demasiado pronto y tampoco demasiado tarde, para empezar.
  • Acostúmbralos y acostúmbrate a que en el día, siempre haya un tiempo para la lectura. El momento de irse a la cama es el más propicio, pues relaja el espíritu y favorece la recreación.
  • No abandones esta práctica, ni siquiera cuando vayan creciendo. Siempre lo pasaran bien cambiando impresiones.
  • Hasta los tres años, practica con ellos lecturas en el regazo, interpretando conjuntamente las imágenes de los libros.
  • Luego, hasta los seis años, tendrás ocasión de leerles cuentos, y además comentarlos (compartir)
  • Durante la escuela Primaria, hasta los doce años aproximadamente, observarás cómo ellos ya son capaces de realizar una lectura personal, aunque eso no es disculpa para no compartirla y comentarla.
  • Ya, a partir de los doce años, el diálogo sobre la literatura, y por supuesto acerca de sus lecturas, debiera ser una práctica habitual.
  • Lee libros que verdaderamente te interesen, y que a ellos también les interesen. Los niños captarán si encuentras satisfacción en tus lecturas, y en las suyas.

6 – La lectura es un ejercicio que forma parte de nuestra convivencia
La lectura, nos es más que una forma de comunicación, por eso tiene que serviros para relacionaros, para COMUNICARNOS. Cuando tus hijos son pequeños lánzales a buscar contenidos en su contexto y anímales a leer toda la información que les rodea: carteles, títulos, productos, etc. Cuando crecen puedes hacerlo con el periódico o la revista, buscando la información, y comentándola, con una crítica constructiva o jugando creativamente con los textos.
7 – Regálales libros, es una buena costumbre
Regalar libros, también es cuestión de COSTUMBRE. Es muy bueno que los acostumbremos a regalarles libros. Y que nos los regalemos nosotros. Los libros así entrarán a formar parte de nuestra vida y, resultará mucho más fácil encontrar en casa un lugar muy especial para ubicar su biblioteca personal.

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